sábado, 5 de abril de 2014

Reflexión sobre el matrimonio

Anoche me acosté pensando que a lo largo de mi vida he sido testigo de pocos ejemplos de matrimonios que hayan funcionado. Mis primeros recuerdos de la palabra matrimonio me llevan a las discusiones de mis padres en casa y su posterior divorcio; los terribles gritos de mis abuelos; los repetidos casos y rumores de infidelidad y abandono en la mayoría de los miembros de mi familia, amigos, vecinos y conocidos. La palabra matrimonio también me hace recordar a mis tías repitiendo entre dientes la frase "¡que duren!", después de la boda de algún primo. Los pocos casos de matrimonio de éxito que recuerdo desprendían todos ellos un halo de aburrimiento y tedio infinito, disimulado por sustantivos como respeto, cariño o compañerismo. No culpo ninguna de esas situaciones. Sé muy bien que lo que llamamos "amor de pareja" no es nada fácil. Pero me pregunto por qué nos empeñamos en repetir modelos que al parecer no acaban de funcionar. ¿Será que hay algo equivocado con la monogamia?